La selección de Italia decidió dar un giro en su proyecto deportivo tras una fuerte crisis interna marcada por renuncias y decisiones fallidas. En ese contexto, el nombre de Roberto Mancini volvió a escena como la opción elegida para encabezar una nueva etapa. Su regreso busca aportar estabilidad luego de semanas de incertidumbre.
El cambio se produjo tras la polémica que frustró la llegada de Andrea Pirlo y derivó en la salida de dirigentes clave. Estas tensiones dejaron expuesta la falta de consenso dentro de la estructura deportiva. El escenario obligó a tomar decisiones rápidas para reordenar el rumbo.
Con este movimiento, la federación apuesta a la experiencia de un técnico que ya tuvo un ciclo exitoso en el pasado. Sin embargo, el desafío será reconstruir un equipo golpeado y recuperar competitividad internacional. La nueva etapa comienza en medio de dudas sobre la planificación a largo plazo.









