Mientras la Casa Rosada destaca la presión internacional, el gremio del fútbol se atribuye un rol clave en el operativo de repatriación.

La liberación de Nahuel Gallo abrió un nuevo frente de conflicto entre el Gobierno nacional y la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, cuestionó los vínculos de la entidad dirigida por Claudio «Chiqui» Tapia con el régimen venezolano, exigiendo explicaciones sobre por qué Caracas aceptó negociar con la AFA y no directamente con el Estado argentino.

Desde la AFA, sin embargo, celebraron el éxito del operativo humanitario. El traslado se realizó en un avión privado gestionado por la institución, y en la foto oficial de la liberación se pudo ver a Gallo junto a directivos cercanos a Tapia, como Luciano Nakis. Según el comunicado oficial de la entidad, el fútbol funcionó como un «puente efectivo» para la cooperación humanitaria.

Por su parte, el canciller Pablo Quirno agradeció el apoyo de países aliados como Estados Unidos e Italia, minimizando la intervención de la AFA. El Gobierno sostiene que la liberación fue producto de la presión internacional y la reciente caída de figuras clave del chavismo, marcando una clara distancia respecto a las gestiones paralelas realizadas por el mundo del deporte.

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