El creciente interés internacional sobre Groenlandia refleja un cambio profundo en la geopolítica global, donde el Ártico dejó de ser una región periférica para convertirse en un espacio estratégico de primer orden. El avance del deshielo y la competencia entre potencias reposicionaron a la isla como un territorio central en las disputas por poder, recursos y control geográfico.
Para Estados Unidos, Groenlandia representa una plataforma fundamental para el monitoreo del Atlántico Norte y del espacio aéreo ártico. Su ubicación permite anticipar movimientos militares y fortalecer sistemas de defensa en una zona cada vez más transitada y disputada. Esta lógica se inscribe en un escenario de creciente rivalidad con otras potencias que también buscan ampliar su influencia en el Ártico.
Al mismo tiempo, el calentamiento global acelera transformaciones económicas de largo plazo. La apertura de rutas marítimas más cortas y el acceso a minerales estratégicos colocan a Groenlandia en el centro de decisiones que combinan intereses económicos, ambientales y de seguridad. En ese delicado equilibrio, el futuro del territorio se debate entre la autonomía política, la presión internacional y el impacto irreversible del cambio climático.










