Los especialistas aseguran que usar Instagram solo para mirar contenido no implica desinterés. Puede reflejar necesidad de privacidad, evitar la presión social o simplemente disfrutar de observar sin exponerse.
Cada vez más personas abren Instagram a diario, pero evitan subir fotos o videos propios. Según psicólogos, esta tendencia no tiene que ver con apatía, sino con una nueva forma de vínculo con las redes: mirar, analizar y consumir, sin sentir la obligación de mostrarse.
Entre los motivos más comunes aparecen el deseo de mantener la intimidad lejos del escrutinio público, la inseguridad frente al juicio ajeno o la simple preferencia por observar. La psicología lo define como un tipo de participación pasiva, pero igualmente activa en términos de consumo y conexión social.
Lejos de ser usuarios “invisibles”, quienes no publican también alimentan el funcionamiento de la red: ven historias, comentan en privado, dan likes y sostienen la dinámica digital desde un rol más reservado. En tiempos de sobreexposición, elegir no publicar también puede ser una forma de cuidar la salud mental.










