El comercio internacional atraviesa una etapa de cambios estructurales, marcada por tensiones geopolíticas, la relocalización de cadenas de valor y el auge de bloques regionales. Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), en 2025 el intercambio global de bienes crecerá apenas un 2,4%, muy por debajo del promedio histórico. En este escenario de bajo dinamismo, Argentina enfrenta el desafío de sostener sus exportaciones y encontrar nuevas oportunidades de inserción.

Las exportaciones argentinas totalizaron más de 77.000 millones de dólares en 2024, con un incremento interanual del 35% gracias a la recuperación agrícola y al impulso del litio. Sin embargo, la concentración en pocos productos –soja, maíz, carne y minerales– hace que la balanza comercial sea vulnerable a las fluctuaciones de precios internacionales. La diversificación de la oferta exportable aparece como una condición necesaria para ganar estabilidad y previsibilidad.

Los principales socios comerciales del país siguen siendo Brasil, China y Estados Unidos. Brasil concentra más del 15% de las ventas externas, especialmente del sector automotriz, mientras que China se posiciona como el mayor comprador de alimentos y carne bovina. Estados Unidos, en tanto, mantiene su peso en productos agroindustriales y energía. La dependencia de estos mercados estratégicos obliga a una diplomacia económica activa para mantener el acceso y evitar barreras arancelarias.

El litio y los minerales críticos se consolidan como una vía de inserción internacional estratégica. La demanda global, impulsada por la transición energética, abre una ventana de oportunidad para Argentina. Empresas extranjeras comprometieron inversiones por más de 8.000 millones de dólares en proyectos que podrían duplicar la producción en los próximos cinco años. El reto es transformar estas exportaciones en cadenas de valor locales y no limitarse a la venta de materias primas.

En paralelo, el Mercosur enfrenta el desafío de redefinir su rol en un comercio global más fragmentado. Las negociaciones con la Unión Europea y con otros bloques avanzan lentamente, pero representan oportunidades para mejorar el acceso a mercados de alto poder adquisitivo. Para Argentina, lograr un equilibrio entre la defensa de su producción industrial y la apertura de nuevos destinos resulta clave en este proceso.

La política comercial también se ve influida por factores ambientales. La Unión Europea, por ejemplo, implementará en 2026 regulaciones más estrictas sobre importaciones vinculadas a la deforestación y un mecanismo de ajuste de carbono en frontera. Estas medidas impactarán directamente en las exportaciones agrícolas argentinas, que deberán adaptarse a nuevos estándares de trazabilidad y sostenibilidad para mantener competitividad.

Las perspectivas del comercio internacional para Argentina dependen de su capacidad de adaptación a este nuevo contexto global. Una estrategia que combine diversificación de mercados, mayor valor agregado en las exportaciones y cumplimiento de estándares ambientales será fundamental. En un mundo de comercio más lento y fragmentado, el país tiene la oportunidad de reposicionar su inserción externa, siempre que logre articular políticas consistentes y de largo plazo.

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